Introducción al curso

 

La palabra o la muerte

 

Lic. María Inés Kaplan

Lic. Stella Maris Nieto

 

 INTRODUCCION

 

La violencia se ha convertido en un fenómeno cotidiano, instalado tanto en lo familiar como en lo social.

 El uso continuo de este término   lleva a asimilarlo mecánicamente y nos conduce a creer que cuando hablamos de violencia todos decimos y entendemos lo mismo.

Podremos sin embargo constatar que, dentro de este término, quedan subsumidos toda una serie de fenómenos de muy diferentes dimensiones, que se confunden y nos arrastran a una serie de malentendidos.

Reflexionar acerca de estos  malentendidos nos permitirá descubrir que, al hablar de violencia, no siempre nos referimos a lo mismo.

 

 

ALGUNOS TÉRMINOS QUE SUELEN ASOCIARSE A LA VIOLENCIA

 

En ocasiones, una dolorosa experiencia personal, una película, una novela, un acontecimiento divulgado por los medios periodísticos, pone de relieve algún  término que será desde entonces asociado a la violencia en el acervo popular o científico.

 

El canibalismo, por ejemplo,  es un acto profundamente humano,  que no se presenta sólo en tribus primitivas, y que aún en este caso, Freud revela como siendo de un carácter radicalmente simbólico y racional. “Absorbiendo por la ingestión partes del cuerpo de una persona, se apropia el caníbal las facultades de que la misma se hallaba dotada”, nos dice en Totem y  tabú.
 

El sadismo es un término que nos evoca al Marqués de Sade, quien le dio nombre a la perversión sexual basada en un modo de satisfacción tradicionalmente considerado como ligado al sufrimiento infligido a otro. Este término que perteneció  en un principio al vocabulario de la sexología, fue retomado por el psicoanálisis en el marco  de su teoría. La perversión se corresponde con una estructura respecto de la cual se deben disolver prejuicios nefastos, como el de una supuesta complicidad de la víctima.

 

Están también las variadas formas de mortificación, donde se apunta a la aniquilación del otro, en forma física o simbólica.  La mortificación por la palabra puede ser aniquilante, puede inducir al suicidio, tanto por acción como por omisión. Omitir a un sujeto respecto de decisiones, sucesiones o derechos, puede tener consecuencias catastróficas para él y para otros.

 

Los celos en su máxima virulencia pueden conducir al asesinato. Nos lo recuerda la literatura con Otelo, pero también la crónica policial diaria. La locura de los celos se presenta de diferente forma en la neurosis, en la perversión y en la psicosis.

 

La eficacia de la intencionalidad agresiva, amenaza intimidante, se comprueba en la educación, en la acción formadora de los padres o maestros sobre las personas de su dependencia. La agresividad es precisada por Lacan: la intencionalidad agresiva se nos presenta con imágenes de castración, desmembramiento, dislocación, destripamiento, devoración, reventamiento del cuerpo. Lacan demostrará cómo este fenómeno indica una relación del hombre con su propio cuerpo que se extiende a su vida social: en la moda, en el arte, en el juego de los niños, en las pesadillas. El otro me roba la imagen, no hay modo de evitar la confrontación, soy yo o el otro.

 

Le daremos importancia capital al tratamiento dado por Lacan a la locura del desconocimiento, que diferenciaremos de la causalidad psíquica, campo específico del psicoanálisis. La locura puede irrumpir en la neurosis, la perversión o la psicosis. En las antípodas de la locura, Freud sostiene la responsabilidad del soñante por el contenido de sus propios sueños.  

 

Estos ejemplos  de niveles tan diferentes -  algunos de uso común, otros sólo descriptivos, y otros de carácter  teórico que muchas veces hasta responden a diferentes concepciones -  ponen de manifiesto que el mismo término violencia, condensa una multitud de problemas que más que dar cuenta de conductas, nos abren a interrogantes que requerirán abordajes en distintas  dimensiones . 

 

UN PUNTO DE PARTIDA

 

Introduciremos una serie de afirmaciones que nos servirán para exponer el hilo conductor de nuestro trabajo. Trabajo que es de elaboración, investigación y transmisión, con otras disciplinas.

 

 * Afirmamos: estas distintas maneras de presentación de la violencia no son del orden   de lo irracional, de lo instintivo, o de desborde del aparato psíquico, idea que supone  no reconocer estos fenómenos  dentro del orden de lo humano.

 

 * Afirmamos: el orden humano se caracteriza por estar fundado en el campo del lenguaje.

 

  * Afirmamos: los seres humanos estamos sujetos a una  palabra que solo puede ser  producto de un pacto,  que de romperse pierde su eficacia para sostener un lazo social. Y cuando este lazo social se desgarra, la violencia en sus distintas manifestaciones puede  desencadenarse.

 

 

 

 

CLAVES PARA UN ENFOQUE DIFERENTE

 

En nuestra opinión, la tendencia actual es la de buscar soluciones globales, que en la práctica demuestran ser ineficaces. Nuestro objetivo es ir mostrando cómo y por qué,  es  necesario  contemplar la singularidad de cada caso, no apresurándonos a clasificar y tratando de establecer las distintas dimensiones que intervienen en el desencadenamiento violento.

 

 Este problema  requiere  de la interrogación  de aquellos que desde áreas como la educación, asistencia social, médica, legal, etc., son convocados por la sociedad para tomar responsabilidades y decisiones. 

 

 

Para ellos nos proponemos aportar las que consideramos ciertas claves, desde la especificidad del psicoanálisis.

 

En nuestra época, la presentación de  los hechos violentos por los medios periodísticos, así como  la literatura o el cine, tienen algo en común con la presentación de los relatos en las consultas: el énfasis dado a la escena, que da predominancia al carácter escópico, visual, del relato. Esto  hace perder la dimensión de lo efectivamente dicho  y su lógica para poner el énfasis en la conducta observable.

 

La   desorientación en la que nos encontramos hoy para abordar estos problemas, radica entonces en  la devaluación que sufre nuestra palabra  tanto en el trato cotidiano, como en  los ámbitos educativos, legales, profesionales en general, y en los medios de comunicación masivos. No se toma en cuenta, que la palabra, tiene consecuencias.

 

Podríamos pensar entonces que entre lo visto y lo oído, no hay necesariamente correspondencia. Es más, hay francas diferencias

 

Lo novedoso consistirá en sostener estos dos polos para que de su interjuego surjan pistas orientadoras. Sostenerlos sin eliminar ninguno. Lo cual es un desafío para nuestro pensamiento moderno.

 

Respecto del pensamiento, Levi Strauss señala  en ‘El pensamiento salvaje’, que “…el pensamiento mágico postula un determinismo global e integral, en tanto que el pensamiento científico opera distinguiendo niveles, algunos de los cuales, solamente admiten formas de determinismo que se consideran inaplicables a otros niveles”.

 

PALABRA Y LENGUAJE

 

En tanto sujetos de la palabra somos también tributarios de la estructura del lenguaje. El lenguaje humano no se reduce a un código, dado que podemos hacer comentarios; lo cual no es posible para las abejas, por ejemplo. Cuando una abeja llega retrasada a la danza que indica la dirección y distancia para encontrar las flores, no puede preguntar y ninguna abeja le puede retransmitir lo que se perdió. 

 

La actividad del comentario nos permite despegarnos del espacio y tiempo presente, sin salir del lenguaje.

 

Lacan discute a Chomsky, quien considera al lenguaje como un utensilio, mientras que él lo considera como un órgano.

 

El lenguaje no es entonces un instrumento, porque sería necesario tomarlo desde el exterior por el mango, y sería él mismo el que se tomaría por el mango, ya que cuando nos colocamos desde el exterior, estamos todavía en el interior del lenguaje.

 

Estamos seguros de que estamos en la estructura del lenguaje cuando el que habla puede ser interrumpido para hacer un comentario de lo que dijo, retomarlo como un objeto, parafrasearlo.

 

Cuando esto no es posible y esta estructura se rigidiza, nos encontraremos con las diversas formas del totalitarismo, tanto familiar como social.

 

 

LA PALABRA Y LA LEY

 

Entendemos a la palabra como nexo necesario para considerar cada caso en su singularidad, enmarcado en una historia particular, pero  sin excluirlo  de la relación a la ley que rige el lazo social. Se trata de la articulación de lo universal  y lo particular.

 

Hablar de universal es hablar de principios que son para todos, y si no para ninguno. No son principios para la mayoría. Son para todos. No matarás. No robarás. No mentirás. Son fundantes pero, paradojalmente, transgredibles. Su transgresión y su sostén son responsabilidad de cada uno: en la mentira piadosa, en un acto educativo, político, o jurídico.

 

Esta relación de la palabra con la ley es la que en nuestra opinión  debemos despejar para abordar el problema de la inimputabilidad, que está afectando el mismo orden jurídico en nuestro mundo moderno, ya que estamos llegando al punto de que el psiquiatra está ocupando gradualmente el lugar del juez frente al acto delictivo.

 

Este mismo problema se plantea respecto de la educación. Encontramos que las consultas de padres y  docentes revelan la desorientación ante fenómenos de desorden  o violencia que tienden a pensarse como derivados de alguna  influencia externa como la televisión o la situación económica o  quizás alguna influencia genética interna.. Generalmente se resuelven en mutuas recriminaciones.

 

Cuando hablamos de ley, deberíamos distinguir tres tipos de leyes:

 

1)      Ley física

2)      Ley jurídica o positiva

3)      Ley de la palabra

 

La ley física no se puede transgredir. La ley de gravedad se debe tener en cuenta hasta para volar. 

 

La ley jurídica se puede transgredir, y hay sanciones para su transgresión. Pero no tiene el carácter inexorable de la ley física. Constatamos que muchos escapan al alcance de esta ley.

 

La ley de la palabra en cambio, conserva rasgos de las dos anteriores. Es transgredible, pero  está sujeta a las leyes inexorables del inconsciente. O sea que tendrá consecuencias, y no sólo para el sujeto del acto sino para el conjunto de la sociedad.

 

Afirmamos que el problema de la  inimputabilidad en nuestra época,  la creciente desresponsabilización y aislamiento en que vivimos, está ligado a la creciente subestimación de la  función de la palabra, y los efectos inexorables de deterioro del lazo social que esto conlleva.  

 

Por eso será central en nuestros desarrollos las reflexiones de Freud acerca de la responsabilidad por el deseo inconsciente, y las de Lacan acerca de la responsabilidad por el acto.

 

NUESTRA ÉPOCA

 

Interrogaremos formas directrices de la cultura, que establecen las modalidades que toma el lazo social en la modernidad.

 

*En nuestra época predomina el discurso de la ciencia, el cual  supone un sujeto que trabaja, y que debe ser eficiente, pero del que se espera que ni juzgue, ni piense ni calcule.   

 

La ciencia  supone  un sistema que puede y debe marchar solo, que se retroalimenta sin fuga, sin pérdida, desde el interior del átomo hasta el Universo en su totalidad. Porque el hombre es supuesto como una parte de ese sistema es que no se le pide su opinión.   La ciencia de por sí no tiene ni ética ni responsabilidad.   La opinión, el juicio, la ética están por fuera del sistema.

 

En este marco, por ejemplo, recurrir a la genética para dar cuenta de la paternidad - que no se agota en lo biológico, y que supone un nombre propio, dentro de un orden genealógico, en cualquier época y cultura – tiene consecuencias en el orden ético, jurídico y  social de  alcances todavía impredecibles.

 

*Esta desestimación de la subjetividad, se expresa también actualmente en el acento puesto sobre el Yo, resorte de la imagen y centro de los fenómenos de desconocimiento y locura, donde sólo hay lugar para uno: yo o el otro.

 

La función de la palabra puede ser de mediación, sosteniendo la balanza entre los seres humanos, pero también puede llevar a lo peor con el demagogo que conduce a las masas al asesinato y al exterminio.

 

 

*Los atolladeros del amor y del deseo,  se expresan en las modalidades locas del encuentro y desencuentro entre los sexos. Para esto será necesario  diferenciar lo que corresponde al orden del simulacro o ficción( del erotismo pulsional), de aquello que  con la violencia del golpe brutal o el grito desenfrenado, no causa ni motiva el erotismo. El amor fundará el límite y velará  el cruce del mismo. Así la ley  instaurada, posibilitará la transgresión necesaria al deseo sin el peligro  de un exceso.

 

 

En este sentido abordaremos la necesidad de retomar  la verdadera significación de la función paterna desprestigiada frente a los extremos imaginarios  del padre débil e inoperante o el padre cruel y abusador. Resaltaremos que la función paterna es simbólica  y responde a  la necesariedad de un operador lógico que posibilite   incorporar el sentido de la interdicción. De lo permitido y de lo prohibido.

 

 

*El psicoanálisis nos lleva a considerar la función de la palabra en la ciudad, lo que desde los griegos llamamos política. No se trata en absoluto de aconsejar a los reformadores sociales, a los hombres políticos. Se trata de hacer oír en la ciudad que la palabra presenta una causalidad y tiene efectos que no se pueden descuidar